Movilizar a las comunidades de sanación: Adviento 2025: reflexión, oración y acción es un recurso espiritual práctico concebido para guiar durante cuatro semanas a las congregaciones en la preparación para el nacimiento de Cristo, a través de una profunda inmersión en los temas del bienestar y la autonomía de las mujeres; el papel positivo de los hombres en la vida familiar y en la salud reproductiva; los desplazamientos y la migración; y la promesa de paz (Shalom). Basándose en el Evangelio, las ideas de los primeros cristianos y las realidades del mundo actual, esta guía ofrece reflexiones concisas, oraciones, y sugerencias para la acción comunitaria e iniciativas de sensibilización destinadas a movilizar a las iglesias para que se conviertan en agentes de sanación y justicia.

Al integrar formación espiritual y medidas concretas de solidaridad y de movilización de recursos —en particular, para promover la salud y el bienestar, y apoyar a las comunidades vulnerables—, esta iniciativa de Adviento invita a las comunidades religiosas a anticipar la venida de Cristo con plena devoción, pero también con el compromiso de emprender medidas que alimenten la esperanza, restauren la dignidad y fortalezcan la paz integral.

Índice de contenidos                                                                      

SEMANA 1: Bienestar y autonomía de las mujeres

SEMANA 2: El papel positivo de los hombres en la vida familiar y en la salud reproductiva

SEMANA 3: Desplazamientos y migración

SEMANA 4: La paz (Shalom) y la anticipación del nacimiento de Cristo

SEMANA 1: Bienestar y autonomía de las mujeres

Lectura del Evangelio: Lucas 1:26-38

 En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. Cuando entró a donde ella estaba, dijo:

—¡Te saludo, muy favorecida! El Señor está contigo.

Pero ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo:

—¡No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios!  He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin.

Entonces María dijo al ángel:

—¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón.

 Respondió el ángel y le dijo:

—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios. He aquí, también tu parienta Elisabet ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes para ella que era llamada estéril. Porque ninguna cosa será imposible para Dios.

 Entonces María dijo:

—He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.

Y el ángel se fue de ella.

Lucas 1:52–53

Quitó a los poderosos de sus tronos

y levantó a los humildes.

 A los hambrientos sació de bienes

y a los ricos los despidió vacíos.

Reflexión

Reflexionamos sobre la resiliencia, la dignidad y la autonomía de las mujeres, encarnadas con gran fuerza en la historia de María. En su condición de adolescente embarazada, María responde al llamado de Dios con notable valentía, a pesar de que ello la exponía al estigma, la inseguridad y el riesgo. San Agustín de Hipona (siglos IV-V) destaca la fe interior de María: “María concibió a Cristo antes en su mente que en su seno” (Sermón 215.4). Su valentía tiene sus cimientos en la contemplación y la confianza. San Agustín ve a María como modelo del discipulado, al responder a Dios con un corazón abierto, y destaca su humildad y su fortaleza: “Más dicha le aporta el haber sido discípula de Cristo que el haber sido su madre”. (Sermón 25.7). 

El Magnificat de María (Lucas 1:46-55) es un canto de justicia que vincula su embarazo a la transformación social. Como joven marginada, la voz profética de María proclama la caída de los poderosos y el levantamiento de los pobres, una visión perdurable de la liberación nacida del vientre materno. El Magnificat es también una invitación a luchar contra la violencia de género, la injusticia económica y la exclusión.

También celebramos el vínculo sagrado y la solidaridad entre mujeres de distintas generaciones, inspirados por el encuentro de María e Isabel, un momento lleno de afirmación, bendiciones y alegría compartida (Lucas 1:39-45).

Dios confía momentos clave de la salvación a mujeres, llamando a la iglesia a ser ejemplo de honor, protección y empoderamiento. El llamado a María y su valiente respuesta nos brindan un contexto para debatir la salud materna, la presión psicosocial y la importancia de un entorno propicio para las madres jóvenes.

El bienestar de la mujer sigue siendo uno de los desafíos más urgentes en el mundo. La mortalidad materna no ha mejorado desde hace casi una década, y 287 000 mujeres siguen muriendo cada año, en su mayoría por causas evitables. La evolución mundial hacia la meta de 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no va por buen camino. Millones de mujeres carecen de atención prenatal, asistencia cualificada en el parto, anticonceptivos, servicios de parto seguro y protección frente a la violencia. Sin una inversión, un compromiso y una solidaridad renovados, el mundo quedará muy lejos de esa meta de los ODS.

Al reflexionar al respecto esta semana, se nos invita a plantearnos la siguiente pregunta:

  • ¿Podemos reconocer a la Madre María en cada mujer embarazada y al niño Jesús en su seno?
  • ¿Qué estamos haciendo, personalmente, como familias, como congregaciones y como naciones, para velar por que toda mujer embarazada reciba atención y protección?

El Adviento nos insta a cuidar en nuestros hogares y comunidades de las niñas y las mujeres, a cuidar de las madres y de las vidas en los senos maternos y, al hacerlo, proteger el futuro de la propia humanidad.

Oración de Adviento

Oh Dios Santo,
En el valor de María, vemos tu fuerza;
en su “sí”, somos testigos de la renovación del mundo.
Llevó a Cristo en su seno mientras vivía bajo la ocupación,
sorteando el miedo, la incertidumbre y las cargas de un sistema injusto.

Bendice a todas las mujeres que dan a luz,
que mantienen unidas a las familias en medio de la adversidad,
que dirigen a las comunidades hacia la esperanza.
Da fuerzas a las madres, hijas, abuelas y a todas las personas que alimentan la fe de generación en generación.

Que el canto de justicia de María,
que levanta a los humildes y sacia a los hambrientos,
dé forma a nuestra espera de Adviento
y a nuestro compromiso con la sanación y la transformación.
Amén.

Sugerencias para la oración, la acción y la sensibilización

  1. Promover la equidad en la salud materna y reproductiva
  • Defender una atención accesible para las mujeres embarazadas, un parto seguro y apoyo postnatal para todas las mujeres de la comunidad.
  • Organizar una colecta congregacional para apoyar a las clínicas locales, las comadronas, los servicios de maternidad y las iniciativas sanitarias dirigidas por mujeres, especialmente las que atienden a mujeres jóvenes y vulnerables.
  • Apoyar el acceso a la prevención del VIH y el acceso a los medicamentos, especialmente en los lugares donde esos servicios hayan sido interrumpidos en el último año y sea posible reparar tal injustica a través de la acción comunitaria.

  1. Apoyo a mujeres y hombres en el primer nivel de la asistencia
  • Destacar y reforzar el papel de las mujeres en calidad de cuidadoras, trabajadoras sanitarias, asesoras y líderes comunitarias.
  • Proporcionar pequeñas subvenciones o fondos de emergencia a mujeres que enfrentan dificultades financieras vinculadas a la maternidad, la violencia de género o a los gastos derivados del cuidado de otras personas.
  • Ayudar a nuestras comunidades a superar los retos asociados al sentimiento de los hombres que escogen la enfermería como profesión de estar ‘emasculados’ y ‘feminizados’, al tratarse un sector normalmente dominado por mujeres.
  1. Abordar la violencia de género como un problema de salud pública
  • Animar a las congregaciones a asociarse con casas de acogida, centros de atención psicológica y organizaciones de asesoramiento jurídico.
  • Aportar y movilizar recursos para apoyar las necesidades médicas, psicosociales y jurídicas de las sobrevivientes.
  1. Invertir en sanación y educación intergeneracional
  • Recaudar fondos para conceder ayudas a niñas, madres jóvenes y abuelas que cuidan de sus nietos.
  • Establecer programas de mentoría que creen lazos entre mujeres mayores y jóvenes para intercambiar habilidades, prestarse apoyo emocional y, así, aumentar su resiliencia.


 

SEMANA 2: El papel positivo de los hombres en la vida familiar y en la salud reproductiva

Lectura del Evangelio: Mateo 1:18-25

 El nacimiento de Jesucristo fue así: María, la madre de Jesús, estaba comprometida con José, pero antes de unirse como esposos se encontró que ella había concebido del Espíritu Santo. José, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no quería denigrarla.  Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor dijo por medio del profeta:  «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrás por nombre Emanuel,

que significa: “Dios está con nosotros.”»

Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a su mujer, pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito. Y le puso por nombre JESÚS.


Reflexión

Esta semana pondremos de relieve el papel de José como modelo de masculinidad edificante, protectora, compasiva y humilde. José es un ejemplo de masculinidad edificante, responsable y compasiva. Su serena fortaleza y su lealtad como protector de María y Jesús constituyen un modelo para los hombres de hoy, pues muestran que los hombres pueden personificar la compasión, la responsabilidad, la madurez emocional y el cuidado en el seno de las familias, las comunidades y la sociedad. Cuando José descubre el embarazo de María, se encuentra en una encrucijada marcada por las expectativas sociales, los códigos de honor y sus miedos personales. Pero escoge otro camino, un camino basado en el discernimiento, la compasión y la responsabilidad. Orígenes de Alejandría (c. 185 - c. 253 EC) hizo la siguiente reflexión: La virtud de José se manifestó en que no obró precipitadamente, sino que buscó discernir la voluntad de Dios” (Comentario a Mateo). José encarna una fuerza serena, que no se basa en la dominación, sino en la escucha paciente. Resiste el instinto de reaccionar con ira o juicio, y, a cambio, deja espacio para la voz de Dios. Su discernimiento silencioso se convierte en un acto de profunda solidaridad con María, que protege su dignidad, su seguridad y la vida sagrada que lleva consigo. En José, apreciamos una visión de la masculinidad positiva que tan urgentemente necesitamos hoy. Una masculinidad que:

  • escucha antes de actuar,
  • protege, en lugar de controlar;
  • asume responsabilidades, en lugar de alejarse de ellas; y
  • acompaña y apoya a las mujeres.

En todo el mundo, millones de mujeres siguen enfrentándose a la violencia, la estigmatización, la pobreza o la falta de acceso a servicios sanitarios esenciales. Para muchas de ellas, la presencia o ausencia de una pareja que las apoye puede ser el factor determinante entre vivir o morir. José nos muestra la forma que adopta la solidaridad compasiva cuando lo que está en juego es el bienestar de una mujer.

En nuestra contemplación, se nos invita a cuestionarnos:

  • ¿Respondemos a los desafíos con discernimiento y humildad, como hizo José?
  • ¿Ayudan nuestros hombres y niños a que las mujeres se sientan seguras, respetadas y apoyadas?
  • ¿Estamos enseñando a los jóvenes una forma de masculinidad basada en la compasión, no en el control?

El Adviento nos insta a guiar a padres, esposos, hermanos y líderes a buscar la voluntad de Dios con humildad, para que nuestros hogares y sociedades sean reflejo de la compasión de Cristo.

Oración de Adviento

Dios de misericordia y sabiduría,
confesamos que, a veces, hemos actuado precipitadamente,
hemos hablado con dureza, o no hemos escuchado tu voluntad.
Reconocemos los momentos en que nuestras formas de ser hombres
y las normas que hemos aceptado
no han protegido o ensalzado a las mujeres y menores de nuestro entorno.

Perdónanos, Señor.
Renueva nuestros corazones y transforma nuestras relaciones.

Enséñanos a tener la fuerza serena de José:
a escuchar antes de actuar,
a proteger en lugar de controlar,
a caminar con compasión, humildad y valentía.

Haz de nosotros una comunidad donde cada persona esté segura
y reciba respeto y apoyo.
Guíanos para ser ejemplo de masculinidades más sanas
para las generaciones venideras.

En tu gracia, nos comprometemos a recorrer un camino mejor.
Amén.

Sugerencias para la oración, la acción y la sensibilización

  1. Implicar a los hombres en actividades de salud mental, asistencia y apoyo emocional
  • Fomentar diálogos congregacionales sobre el papel de los hombres en la salud reproductiva, inteligencia emocional, vida familiar y crianza.
  • Movilizar recursos para ofrecer formaciones sobre salud mental y organizar debates para hombres y niños sobre el estrés, la depresión y las expectativas perjudiciales.
  • Ofrecer nuevas perspectivas a los hombres jóvenes mediante oportunidades de formación y participación en el desarrollo comunitario.
  1. Promover la participación de los hombres en la salud familiar
  • Promover la asistencia de los padres a las visitas prenatales, la crianza compartida y el reparto de las responsabilidades domésticas.
  • Obtener recursos para programas de paternidad, círculos de mentoría para hombres jóvenes e iniciativas de terapia familiar.
  • Construir puentes para que los hombres jóvenes busquen atención sanitaria reproductiva y se impliquen en la prevención de las infecciones de transmisión sexual, el VIH y el embarazo adolescente.
  • Reducir la estigmatización de las personas que viven con el VIH e implicar a las congregaciones para restablecer el acceso a los medicamentos para los hombres que viven con el VIH.
  1. Abordar las disparidades en la salud masculina
  • Fomentar el cribado de enfermedades cardiovasculares, psiquiátricas, adicciones y cáncer.
  • Organizar las Iglesias Promotoras de la Salud con asociados sanitarios locales.
  1. Movilizar a los hombres para la sanación comunitaria y la no violencia
  • Invitar a los hombres a comprometerse con la no violencia y el respeto mutuo en el ámbito familiar y comunitario.
  • Apoyar los deportes juveniles, las artes y las actividades de consolidación de la paz que fomenten modelos masculinos positivos.

SEMANA 3: Desplazamientos y migración

Lectura del Evangelio: Lucas 2:1-7 

Por esos días, Augusto César promulgó un edicto en el que ordenaba levantar un censo de todo el mundo. Este primer censo se llevó a cabo cuando Quirino era gobernador de Siria, por lo que todos debían ir a su propio pueblo para inscribirse. Como José era descendiente de David y vivía en Nazaret, que era una ciudad de Galilea, tuvo que ir a Belén, la ciudad de David, que estaba en Judea, para inscribirse junto con María, que estaba desposada con él y se hallaba encinta.  Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz, y allí tuvo a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en ese albergue.


Reflexión

En la actualidad, millones de personas se ven obligadas a huir de sus hogares a causa de guerras, catástrofes, persecuciones o pobreza. Se estima que, a finales de 2024, en el mundo había 123,2 millones de personas desplazadas por la fuerza a causa de persecuciones, conflictos, violaciones de los derechos humanos, y otras formas de violencia. Casi el 40% eran menores. En la última década, las catástrofes relacionadas con el clima han desplazado a 250 millones de personas, unas 70 000 cada día. Cada desplazamiento lleva consigo las heridas invisibles del trauma, la soledad, el dolor y la incertidumbre.

En este contexto, volvemos a la historia de la Sagrada Familia como familia desplazada. José y la encinta María viajaron de Nazaret a Belén. No por decisión propia, sino en virtud del decreto de un emperador lejano. Su viaje estuvo condicionado por sistemas políticos y económicos que escapaban a su control, y su vulnerabilidad se acentuó a su llegada: “no había sitio para ellos en el aposento de los huéspedes" (Lucas 2:7).

San Juan Crisóstomo (siglo IV de nuestra era) destacó que este decreto “mostraba cómo el mundo entero estaba bajo el yugo del imperio”. (Homilías sobre el Evangelio de San Mateo). El censo no era meramente administrativo: era una manifestación de dominación y control.

La iglesia primitiva vio en este acontecimiento algo más que penurias, vio una revelación de la solidaridad divina. La Encarnación no se produce en un palacio, sino en condiciones de desplazamiento, pobreza y vulnerabilidad. Dios elige habitar entre los marginados: entre los impotentes, los indocumentados y los invisibles.

Al contemplar este misterio, se nos invita cuestionarnos:

  • ¿Podemos reconocer a la Sagrada Familia en los millones de personas que viven hoy sin cobijo, sin acceso a servicios básicos y sin seguridad?
  • ¿Puede nuestra fe abrirnos los ojos a su sufrimiento y desplegar nuestros brazos para que emprendamos acciones solidarias concretas?

El Adviento no solo nos insta a recordar al Cristo que vino entre los desplazados; también a encontrar a Cristo entre los desplazados de hoy y actuar con compasión, justicia y hospitalidad.

Oración de Adviento

Dios del viaje,
llegaste entre nosotros en una familia obligada a viajar,
a recibirte lejos de casa,
y pronto huir como refugiados.

Ensalzamos ante Ti a todas las familias que sufren desplazamientos, conflictos y ansiedad;
y que cargan diariamente con el peso de sobrevivir.

Restaura las relaciones rotas,
fortalece a quienes cuidan de otros,
consuela a quienes sufren,
y sana a todas las personas que viven con miedo, traumas o angustia.

Haz de nuestras comunidades lugares de seguridad, hospitalidad y sanación,
donde ninguna persona quede olvidada
y todas puedan vivir con dignidad y en paz.

Amén.

Sugerencias para la oración, la acción y la sensibilización

1. Apoyo a las familias desplazadas y migrantes

  • Defender la integración y los servicios básicos para las personas que han vivido la migración y han tenido experiencias traumáticas.
  • Crear iglesias que acojan a las personas migrantes y les permitan vivir su fe abiertamente. 
  • Abogar por un acceso equitativo a los sistemas sanitarios locales, independientemente de la situación legal.
  • Movilizar fondos para el transporte a las clínicas, medicamentos esenciales, ropa de invierno, vales de comida y alojamiento de emergencia.
  • Ayudar a las familias desplazadas a integrarse y a mantener sus medios de subsistencia

2. Promover la salud mental de la comunidad y la sanación de traumas

  • Asociarse con profesionales de la salud mental para impartir formación y dialogar sobre traumas, estrés, adicciones y prevención del suicidio.
  • Obtener recursos para crear servicios de atención psicológica, espacios seguros para los jóvenes y ministerios de sanación de traumas.

3. Reforzar las redes de seguridad comunitarias

  • Crear fondos de solidaridad congregacional para ayudar a familias en dificultades a pagar emergencias médicas, alojamiento, gastos escolares y alimentos.
  • Brindar apoyo a cocinas comunitarias, centros juveniles y programas de divulgación sanitaria dirigidos por organizaciones de la sociedad civil o iglesias locales.

4. Abogar por políticas que protejan a las familias vulnerables

  • Promover políticas que garanticen el acceso a la atención sanitaria, la protección social y el alojamiento seguro de migrantes, refugiados y desplazados internos.
  • Alentar a las congregaciones a dirigirse a los dirigentes en favor de políticas justas y compasivas mediante el envío de cartas, peticiones y la invitación al diálogo.


 

SEMANA 4: La paz (Shalom) y la anticipación del nacimiento de Cristo

Lectura del Evangelio:
Isaías 9:6

Porque un niño nos ha nacido, ¡un hijo nos ha sido concedido! Sobre sus hombros llevará el principado, y su nombre será «Consejero admirable», «Dios fuerte», «Padre Eterno» y «Príncipe de paz».

Lucas 2:8–14

 En esa misma región había pastores que pasaban la noche en el campo cuidando a sus rebaños. Allí un ángel del Señor se les apareció, y el resplandor de la gloria del Señor los envolvió. Ellos se llenaron de temor, pero el ángel les dijo: «No teman, que les traigo una buena noticia, que será para todo el pueblo motivo de mucha alegría. Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Hallarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»

En ese momento apareció, junto con el ángel, una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:

«¡Gloria a Dios en las alturas!
¡Paz en la tierra a todos los que gozan de su favor!»

 Juan 14:27

La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo.

 Efesios 2:14-16

Porque él es nuestra paz. De dos pueblos hizo uno solo, al derribar la pared intermedia de separación y al abolir en su propio cuerpo las enemistades. Él puso fin a la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, una nueva humanidad, haciendo la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un solo cuerpo mediante la cruz, sobre la cual puso fin a las enemistades.


Reflexión

Los profetas de la antigüedad se hicieron eco de la Promesa del Príncipe de la Paz. Los ángeles lo proclamaron. Cristo mismo afirmó su Don de Paz. Es el amor de Dios por el mundo lo que lleva al nacimiento de Cristo, Dios encarnado en una forma humana vulnerable, para la salvación del mundo (Juan 3:16). Vemos en la venida de Cristo el fin del miedo y de la injusticia, y la creación de una nueva comunidad arraigada en la compasión y la reconciliación. Shalom es más que la ausencia de conflicto. Hoy, el Adviento nos invita a recibir a Jesús de nuevo y a convertirnos en instrumentos del Shalom en un mundo herido, cumpliendo la visión de Dios de un mundo sanado: justo, completo, reconciliado y con relaciones restauradas. 
El Shalom nos llama a la sanación integral: de cuerpo y mente, a través de la promoción de la salud; de las relaciones, buscando la justicia y la reconciliación; de nuestras sociedades, velando por la equidad, la dignidad y la inclusión; y de nuestro entorno, cuidando de la Creación.
El Shalom desmonta las injusticias, es una paz que nunca es pasiva.
El Shalom nos insta a:

  • Enfrentarnos a los sistemas que perjudican a los vulnerables.
  • Desmantelar la violencia en los hogares, las comunidades y las naciones.
  • Velar por una distribución equitativa de los recursos.
  • Proteger la vida, especialmente allí donde es frágil y está amenazada.

El Shalom es la alternativa de Dios a las estructuras quebradas del mundo. Cristo es nuestra paz (Efesios 2:14).
Por tanto, Dios nos ha dado el Shalom a través de Cristo. En calidad de seguidores de Jesús, nosotros, como individuos y como comunidad, estamos llamados a vivir esta paz y dar testimonio de ella. Así, la anticipación del nacimiento de Cristo es una invitación a participar ahora en la misión sanadora de Dios.

El Adviento revela que Dios no permanece distante. Dios entra en las luchas de hoy: conflictos, migraciones, enfermedades, desigualdades. No son lugares abandonados, es justo allí donde habita Cristo. Se nos invita a plantearnos las siguientes preguntas: como individuos y como iglesias ¿estamos presentes y comprometidos en estos lugares de necesidad, yendo al encuentro de Cristo?

Pero para ser solidarios con los demás, debemos estar abiertos. Y para estar abiertos y practicar el amor incondicional, como un árbol con las ramas muy abiertas, necesitamos tener raíces profundas de fe (S.E. el metropolitano Thomas, Iglesia Ortodoxa Copta, contemporáneo). Para llegar a los demás, primero debemos llegar a nosotros mismos. El Shalom empieza en el corazón de cada ser humano porque Cristo primero llega a la vida interior. San Isaac de Nínive (siglo VII) dijo: “Haz la paz contigo mismo, y el cielo y la tierra harán la paz contigo”, afirmando así que la verdadera paz no es principalmente externa, ni el resultado de circunstancias estables. Es una reconciliación interior entre el corazón humano y Dios.
El Adviento prepara a los creyentes a acoger a Cristo para que "sea formado” en nosotros (Gálatas 4:19), y los ángeles en Belén anunciaron “la paz... entre los hombres de buena voluntad” (Lucas 2:14). Así, la paz interior forma parte de la preparación espiritual del Adviento: cuando el alma ha sido sanada y reconciliada, la persona se convierte en portadora de la paz divina.

Oración de Adviento

Dios de Paz y Promesa,

En esta santa estación de espera, anhelamos Tu Shalom; 

la paz que sana, restaura y reintegra.

Donde nuestro mundo está herido por el conflicto,
que tome raíces Tu paz.

Que en las familias donde haya tensión o ruptura,
se despliegue Tu reconciliación.

Que a los cuerpos y espíritus que sufren,
se acerque tu presencia sanadora.

Mientras esperamos el nacimiento de Cristo,
haznos instrumentos de Tu Shalom

Amando la misericordia, haciendo justicia, alimentando la compasión, 
acompañando a los vulnerables con humildad, en Tu presencia, oh Señor.

Llena nuestros corazones y nuestras comunidades con tu esperanza
 y prepáranos para acoger al Príncipe de la Paz.

Amén.

Sugerencias para la oración, la acción y la sensibilización

  1. Fomentar el discipulado espiritual, hacer posible el Shalom

Practicar y promover el discipulado espiritual del cristianismo para uno mismo, la familia y la congregación: oración y contemplación; acercamiento a las escrituras (lecturas y estudios bíblicos); culto; confesión; servicio; comunidad; ayuno; discipulado y mentorización; y descanso/Sabbath.

  1. Reflexión, oración y diálogo

Organizar periódicamente reflexiones, oraciones y diálogos sobre cuestiones clave que fomenten el “Shalom” en el propio contexto. Por ejemplo, abordar las necesidades de la comunidad, reflexionar sobre crisis y conflictos, desigualdades o injusticias sistémicas, abordar problemas de salud física o mental o problemas medioambientales.

  1. Medidas y actividades de sensibilización específicas

De manera inclusiva y consultiva, priorizar, diseñar, planificar y llevar a cabo acciones específicas y de promoción para abordar cuestiones clave determinadas por la comunidad de fe.

  1. Movilización de recursos

El Shalom se mantiene cuando las comunidades movilizan sus recursos espirituales, humanos y materiales para la sanación, la justicia y el cuidado. La movilización de recursos no es una mera recaudación de fondos, sino un ministerio de solidaridad y corresponsabilidad que posibilita la acción local, fortalece la salud y el bienestar, y garantiza que la paz sea algo más que una plegaria. Cuando invertimos en la construcción de la paz, en clínicas, programas de sanación de traumas, iniciativas juveniles y apoyo a las personas vulnerables, participamos en la obra de Dios para extender el Reino de Dios, aquí y ahora. Unos recursos sostenidos permiten un Shalom duradero.