Además de afirmar el compromiso del CMI con el proceso de paz en Colombia, el Comité Central también reconoce la emergencia migratoria que afecta especialmente a varios países centroamericanos y que se está convirtiendo en una crisis humanitaria. Condenamos la creciente represión promovida por las fuerzas de seguridad en varios puntos de la región, la persecución y el asesinato de líderes sociales, las duras medidas antiinmigración de Estados Unidos y el sufrimiento en Cuba motivado por las políticas estadounidenses, en particular el bloqueo económico continuado.

Planteamos nuestra preocupación por las comunidades indígenas desplazadas por empresas transnacionales para la extracción de litio, destacando las consecuencias políticas, económicas y medioambientales de estas prácticas.

El ascenso de gobiernos autoritarios y neoliberales ¾a menudo respaldados por el fundamentalismo religioso¾ ha socavado los derechos humanos, agravado la desigualdad, agudizado la pobreza y aumentado la dependencia de potencias extranjeras, debilitando aún más la soberanía nacional.

Invitamos al secretario general a prestar atención a estas preocupaciones que afectan a una región en la que vive una cuarta parte de las personas cristianas del mundo, y pedimos oraciones, solidaridad y acompañamiento de la comunidad ecuménica más amplia para las iglesias miembros del CMI de la región.