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Bringing flowers and photos of their loved ones who have died from radiation poisoning, people pray on August 6, 2015, at a memorial in Hiroshima, Japan, that commemorates the victims of the atomic bombing of the city by the United States in 1945

Con ofrendas de flores y fotos de sus seres queridos fallecidos a causa de la irradiación, varias personas oran el 6 de agosto de 2015, en un monumento en Hiroshima (Japón), que conmemora a las víctimas del bombardeo atómico de la ciudad por Estados Unidos en 1945, Fotografía: Paul Jeffrey/Life on Earth Pictures

“Los ataques sobre Hiroshima y Nagasaki fueron deliberados, lanzados con la intención de matar de forma masiva y provocar la destrucción total; mientras que los más de dos mil ensayos nucleares se han hecho con total indiferencia ante las consecuencias, con el fin de matar en otros lugares y demostrar fuerza a los enemigos”, reza la declaración. “La destrucción y la violencia continuas derivadas del desarrollo de las tecnologías nucleares y los accidentes nucleares demuestran lo peligroso que hemos hecho nuestro mundo con tales fines”.

La declaración hace un llamado a la paz, la abolición nuclear y la justicia. “Aunque los retos son inmensos, es el momento de afirmar que otro camino es posible: uno basado en la solidaridad, la dignidad humana y la esperanza”, dice la declaración. “El 80º aniversario de los bombardeos atómicos se presenta como un momento crítico para replantear nuestras prioridades”.

La declaración honra el legado de todos los que soportan las heridas del nuclearismo. “Lamentamos que se equiparen las armas nucleares con el avance tecnológico, estratégico o político, o con la garantía de seguridad”, reza la declaración. “Rechazamos que la industria nuclear sea considerada un símbolo de la descolonización o del ecologismo”.

Peter Prove, director de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales del CMI, hizo hincapié en lo oportuno de la cuestión: “El riesgo de una guerra nuclear, ya sea por designio o accidente, vuelve a ser una amenaza existencial importante y creciente, entre las muchas crisis a las que se enfrenta el mundo hoy en día”. Recordó que el CMI ha participado activamente en los esfuerzos de la sociedad civil que condujeron al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, firmado actualmente por noventa y cuatro Estados. “No cabe duda de que ninguna iglesia, comunidad cristiana, o persona sensata puede tolerar el desarrollo, la posesión o el uso de las armas más catastróficas, indiscriminadas e intergeneracionalmente destructivas jamás concebidas por el ser humano”, subrayó Prove, para quien “la doctrina de la disuasión nuclear se basa necesariamente en la disposición a utilizar realmente tales armas, algo que debe ser rechazado desde un punto de vista ético cristiano”.  

El mensaje interreligioso se compromete a realizar esfuerzos de alcance local, regional, nacional, mundial y metafísico. “Los esfuerzos en pos de la abolición nuclear dan vida y prioridad a formas éticas de ser que se basan en la verdad, las relaciones correctas y análisis reales de supervivencia”, dice el texto. “Debemos estar a la altura de las circunstancias y actuar juntos, tal como nos llaman a hacer nuestras tradiciones de fe, brújulas morales y compromisos espirituales”.

 

Lea la declaración completa (en inglés)

Llamados a la paz en el 80º aniversario de los bombardeos atómicos, (comunicado de prensa del CMI, 6 de agosto de 2025) (en inglés)

Varios grupos religiosos subrayan el imperativo moral de eliminar las armas nucleares, (comunicado de prensa del CMI, 6 de marzo de 2025) (en inglés)

Más información sobre la labor del CMI en materia de control de armas y desarme

Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales del CMI