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La Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, alojada en el histórico Palacio de las Naciones.

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“Si bien valoramos las iniciativas emprendidas para abordar los conflictos y las guerras que persisten en el mundo, debemos ser conscientes de las preocupaciones que plantea este nuevo organismo”, afirmó. “Existen dificultades para conciliar la Carta de la Junta de Paz con el énfasis que pone la Carta de las Naciones Unidas en la igualdad soberana y la toma de decisiones colectiva”.

Pillay reconoció que es cierto que la ONU ha sido y sigue siendo, en el mejor de los casos, un instrumento imperfecto para los fines que forman parte de la visión del CMI y de todos aquellos que han depositado tanta esperanza en ella.

“Ciertamente, la ONU, en su configuración actual, no está respondiendo de manera adecuada con respecto a los objetivos para los que fue creada, y aún menos ante los desafíos actuales”, dijo. “El CMI sigue comprometido con los principios y propósitos sobre los que se erige la Organización de las Naciones Unidas”. 

Subrayó también que la cooperación multilateral es una necesidad absoluta ante las crisis globales convergentes que atraviesa nuestro mundo. “Hacemos un llamado a renovar el compromiso internacional con la visión expresada en la Carta de las Naciones Unidas, así como a reformas que fortalezcan a la ONU y remedien sus carencias, en lugar de debilitarla”, añadió. “El CMI acoge y respalda las iniciativas de paz que promueven los valores cristianos”.

Lea la reacción del CMI: Los cambios en el orden mundial: la Junta de Paz y los desafíos para el multilateralismo