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Peter Prove speaking

Peter Prove, director de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales (CIAI) del CMI, en la 60ª reunión de dicha comisión y centenario de la Conferencia Vida y Acción, del 18 al 22 de mayo de 2025 en Atenas (Grecia).

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La Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales del CMI celebró la consulta sobre el centenario de Vida y Acción en Atenas, en mayo de 2025. ¿Cuáles son los principales resultados que destacaría de la conferencia?

Prove: La conferencia de Atenas fue una oportunidad para reflexionar sobre el legado de los cien años del movimiento ecuménico Vida y Acción, su importancia histórica para el CMI y su relevancia en el actual contexto mundial. También resultó ser de gran provecho, pues los participantes pudieron observar cuán similares son en muchos aspectos los desafíos planteados en Estocolmo en 1925, y los que plantea nuestra actual situación mundial; y cuán pertinentes son el análisis y las reflexiones de entonces para la forma en que el movimiento ecuménico debe responder a la constelación de crisis mundiales convergentes de hoy.

También fue una oportunidad para tender un puente entre el primer Concilio Ecuménico de Nicea —cuyo 1700º aniversario también conmemoramos este año— y la Conferencia de Estocolmo de 1925. Como dice el mensaje de la conferencia de Atenas: “El Credo niceno tuvo su fundamento en las Sagradas Escrituras como expresión concisa de la tradición escrita y oral de la continua experiencia espiritual de la iglesia. Partiendo de esa base, Estocolmo instó a la aplicación práctica de la fe cristiana a las cuestiones candentes de la época. La Conferencia de Estocolmo de 1925 ... fue concebida conscientemente como ‘una Nicea para la ética, para el cristianismo práctico’”.

El mensaje final de la consulta de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales en Atenas presenta un fuerte vínculo con la Conferencia de Estocolmo de 1925 y su enfoque en el llamado cristiano a trabajar por la justicia y la paz. Hoy parece que hay aún menos justicia y menos paz en el mundo ¿cree que las iglesias han estado a la altura en estos cien años?

Prove: El principal propósito de la Conferencia de Estocolmo era afirmar y promover la responsabilidad de las iglesias en la vida de las personas y la sociedad en su conjunto, y hacer que la ética cristiana pasara de ser una cuestión de interés individual a ser una cuestión de responsabilidad comunitaria. Dado que perduraban las profundas secuelas de la Primera Guerra Mundial y que, en aquel momento, una nueva carrera armamentística y la creciente desigualdad económica presagiaban un paroxismo de violencia renovado y aún mayor, las cuestiones de justicia y paz ocuparon un lugar central en los debates de Estocolmo.

Es evidente que los conflictos están en aumento en muchas partes del mundo, con consecuencias catastróficas para las poblaciones afectadas y serios y crecientes riesgos para el mundo en su conjunto. En algunos casos, las iglesias han sido cómplices del resurgimiento de la violencia o han hecho muy poco para impedirla.

Pero, tal como se reconoció en la conferencia de la CIAI en Atenas, cada día las iglesias locales y las comunidades de fe de todo el mundo prosiguen con fe su incansable y decidida labor para construir la paz, resolver conflictos y promover los derechos humanos y la cohesión social —para mantener la “paz cotidiana” en las comunidades—, así como para proporcionar ayuda humanitaria y apoyo en situaciones de emergencia, y atender a los migrantes y refugiados que buscan una vida mejor y más segura.

¿Cuáles son en su opinión los mensajes clave de la consulta de Atenas para quienes participan estos días en la Semana Ecuménica de Estocolmo, y para las iglesias y cristianos de todo el mundo?

Prove: Una de las ideas centrales que surgieron de la Conferencia de Estocolmo de 1925 y posteriores manifestaciones del movimiento Vida y Acción fue la importancia de desarrollar el derecho internacional y de crear sistemas de cooperación multilateral para prevenir conflictos y proteger los derechos y la dignidad de las personas vulnerables ante los poderosos. Y ese es un objetivo que se incorporó al mandato de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales.

Una gran diferencia entre el contexto de la Conferencia de Estocolmo de 1925 y el actual es la extraordinaria evolución de las normas y principios jurídicos internacionales que ha tenido lugar desde entonces, y especialmente en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. El movimiento ecuménico ha contribuido de manera importante al desarrollo de esas leyes y sistemas.

Pero vivimos en una época de proliferación del nacionalismo populista en muchas partes del mundo, un fenómeno al que, en algunos casos, lamentablemente, se han unido las iglesias. Algo que va a plena contracorriente del movimiento Vida y Acción, y de la peregrinación ecuménica de justicia, reconciliación y unidad.

En este contexto, tal como afirma el mensaje de la conferencia de Atenas, debemos “actualizar y profundizar nuestras opiniones y diálogos ecuménicos e interreligiosos sobre la relación entre religión y Estado”. Debemos renovar nuestro compromiso con la justicia económica y la solidaridad. Y, especialmente en estos tiempos en que el fenómeno de cámara de resonancia tiene los medios sociales infestados de información errónea y desinformación, debemos renovar nuestro compromiso con la tarea de educar y capacitar para el diálogo, la solidaridad y la unidad”.

Además, el movimiento ecuménico debe alzarse en defensa de los principios e instrumentos de unidad, cooperación multilateral, justicia, derechos humanos y mutua rendición de cuentas ante la ley, por los que tanto hemos trabajado desde antes de la creación del CMI, porque están siendo atacados a conciencia.

Pero también es importante reconocer que la unión ecuménica es en sí misma un poderoso testimonio de unidad, reconciliación, paz y justicia. Como se observó en la conferencia de Atenas “Tanto a través del propio encuentro como a través de sus debates, los participantes en la Conferencia de Estocolmo ofrecieron un ejemplo y un mensaje de encuentro, diálogo y cooperación como el camino hacia la paz, la justicia y la reconciliación”.

Al observar la situación mundial actual, el mensaje de la conferencia de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales subraya que: “El testimonio del movimiento ecuménico en favor de la unidad en medio de la división vuelve a constituir un llamado urgente en un mundo en caída libre hacia la fragmentación, el enfrentamiento y el conflicto que, un siglo después de la Conferencia de Estocolmo, se aleja de la justicia, la solidaridad y la paz”.

El mensaje de la Conferencia de Atenas afirma también: “Inspirados por la Conferencia de Estocolmo, reafirmamos la importancia fundamental del encuentro, las relaciones y el diálogo, centrándonos, en calidad de movimiento ecuménico, en lo que nos une especialmente en nuestra fe cristiana, y en el multilateralismo y el compromiso con el diálogo, la cooperación y la solidaridad que tratamos de restaurar en el mundo en general”.

¿Qué espera de los debates que tendrán lugar en Estocolmo y en todo el mundo con ocasión del centenario de la Conferencia de Estocolmo?

Prove: Espero que estos eventos en Atenas y Estocolmo puedan convertirse en hitos de la historia moderna del movimiento ecuménico. Que no solo conmemoremos los acontecimientos de hace cien años, sino que nos esforcemos por recuperar el espíritu de Vida y Acción para la renovación ecuménica y para nuestro testimonio en todo el mundo.

Dada la desconcertante convergencia de crisis mundiales —las escaladas bélicas, la creciente desigualdad económica y la crisis medioambiental sin precedentes—, muchas personas de todo el mundo buscan un liderazgo moral en una época de creciente incertidumbre, ansiedad y temor ante el futuro.

Concretamente, la crisis climática mundial representa un reto existencial al que no se ha enfrentado ninguna generación anterior, con profundas implicaciones para todas las generaciones futuras de la vida en la Tierra, y este se suma a todos los demás retos. Como declaró el Comité Central del CMI en su reunión de junio en Johannesburgo: “Este es un momento en que nuestras acciones o nuestra inacción —especialmente en lo que respecta a la justicia climática— definirán el futuro de nuestra descendencia y el de todo el planeta vivo”.

Creo que, en este decisivo momento histórico, las iglesias y el movimiento ecuménico deben ser, una vez más, las voces que lideren la unidad y la cooperación para hacer frente a estos desafíos que todos afrontamos.

Mientras ha trabajado con la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales, ¿en qué casos de participación de las iglesias en la construcción de la paz y el trabajo por la justicia en el mundo le han resultado especialmente inspiradores?

Prove:  Siempre que una iglesia o un cristiano a título individual intenta guiar a otras personas por el camino de la paz y la justicia, y alejarlos de la cultura imperante de conflicto e injusticia, está siguiendo los pasos de Jesús. Hay un gran número de ejemplo, pero, a menudo, demasiado poco reconocidos. Mencionar solamente algunos sería desmerecer a todos los demás. Pero ellos son hoy la “iglesia confesante”.

El mensaje de la conferencia Vida y Acción insta a una unidad renovada (comunicado de prensa del CMI, 22 de mayo de 2025)

Mensaje de la consulta sobre el centenario de Vida y Acción de la CIAI en Atenas (en inglés)

Semana Ecuménica en Estocolmo 2025