“En una situación como esta, es fundamental no perder la calma. La oración sana y da sentido. Oramos cada domingo por el Reino de Dinamarca y por el gobierno autónomo de Groenlandia”, afirma.
Las nuevas amenazas de la Administración Trump de hacerse con Groenlandia han causado una gran inquietud entre las congregaciones de todo el territorio. Las últimas encuestas muestran que una abrumadora mayoría de groenlandeses se opone a formar parte de Estados Unidos.
“La población está realmente preocupada. Es una cuestión de derechos humanos, dignidad, y respeto de las leyes y los tratados internacionales. Somos un pueblo pequeño, pero no somos invisibles. Nuestro futuro no es algo que puede decidirse sin consultarnos. Tenemos una lengua, una cultura, antepasados, hijos y un futuro ligado a este lugar. No somos una propiedad, somos personas. Groenlandia no es un territorio que se puede comprar. Es nuestro hogar y no está en venta”, aclara Munk.
Históricamente, la Iglesia de Groenlandia ha mantenido un perfil bajo en cuanto se refiere a cuestiones políticas. Desde que el gobierno local de Groenlandia asumió su financiación y legislación en 2009, ha seguido siendo una diócesis dentro de la Iglesia de Dinamarca. En cuanto tal, colabora estrechamente con las diócesis de Dinamarca y desempeña un papel activo en los asuntos internacionales como miembro del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la Federación Luterana Mundial y otras organizaciones. Como obispa de Groenlandia, Munk también ocupa un asiento en el Consejo de Relaciones Internacionales de la Iglesia Evangélica Luterana en Dinamarca.
“Debemos cooperar más allá de las fronteras nacionales, trabajar juntos y defender nuestros derechos. Y debemos hablarnos unos a otros con un tono respetuoso”, indica.
Ante las circunstancias actuales, Munk insta a los americanos que creen en la libertad, la dignidad y el derecho de los pueblos a elegir su propio camino a escribir a sus representantes en el Capitolio y pedirles que apoyen a los groenlandeses en su derecho de decidir su propio futuro.
La semana pasada, ocho de los principales dirigentes europeos se unieron para defender el territorio autónomo danés de Groenlandia. En una declaración, insistieron en que la seguridad de Groenlandia debe garantizarse colectivamente por medio de la OTAN y respetando plenamente los deseos de su pueblo.
“La seguridad en el Ártico debe lograrse colectivamente, en colaboración con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos, defendiendo los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras”, escribieron los líderes en una declaración.
Casi el 90 por ciento de los 57 000 habitantes de Groenlandia pertenece a la etnia inuit groenlandesa y más del 95 por ciento del total de la población son miembros de la iglesia nacional danesa, conocida como Iglesia Evangélica Luterana en Dinamarca.
La presencia nórdica en la isla más grande del mundo se remonta al año 983, cuando Erik el Rojo estableció los primeros asentamientos. El año 2021 marcó el 300 aniversario de una expedición mercantil y clerical conjunta dirigida por el misionero danés-noruego Hans Egede, que restableció una presencia escandinava permanente. La condición colonial de Groenlandia terminó en 1953, cuando se integró plenamente en Dinamarca como condado y se extendió la ciudadanía danesa a los groenlandeses.
La relación con la Unión Europea (UE) implica que todos los ciudadanos daneses que residen en Groenlandia son ciudadanos de la UE, lo que permite a los groenlandeses circular y residir libremente dentro de la UE.
Durante siglos, los groenlandeses han mantenido y protegido su rica cultura y sus fuertes vínculos con la naturaleza. La obispa Paneeraq Siegstad Munk está determinada a continuar con esta tradición y defender los derechos y la dignidad de sus compatriotas groenlandeses, tanto como dirigente de iglesia como ciudadana particular.
Galería de fotos: la Iglesia de Groenlandia
La gran predicadora del Evangelio de Groenlandia (entrevista del CMI, 7 febrero 2020)