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Sacerdote católico romano de la archidiócesis de Owerri (Nigeria), Iwuamadi obtuvo una licenciatura en Sagradas Escrituras en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y un doctorado en Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana, también en Roma.

Antes de su nombramiento en el Instituto Ecuménico, en 2012, por el Vaticano, enseñaba Escrituras Fundamentales, griego y teología del Nuevo Testamento en el Seminario Seat of Wisdom de Owerri.

En calidad de nuevo decano académico, ¿cómo prevé reforzar el papel de Bossey como centro de educación teológica ecuménica en el contexto de los actuales desafíos mundiales?

Dr Iwuamadi: Bossey siempre ha sido más que una institución académica, es un laboratorio vivo del ecumenismo, donde aprendizaje, oración y la vida en comunidad se entretejen. En un mundo marcado por la fragmentación, la polarización y el cambio acelerado, esta misión no solo es pertinente, sino urgente.

Regreso a este cargo con mucha experiencia, pues ya fui decano académico entre 2018 y 2021. Preveo reforzar el papel de Bossey como centro de educación y formación teológica ecuménica de diferentes maneras.

En primer lugar, creo que es importante velar por que nuestro plan de estudios refleje las realidades mundiales de hoy: incorporando temas como el compromiso interreligioso, la teología ecológica, la migración y los desplazamientos, y los desafíos éticos que plantea la transformación digital. Esto capacitará a nuestros alumnos para ser líderes con profundidad teológica y conciencia contextual.

También es vital que nos basemos en los logros del pasado y ampliemos nuestro alcance a través de la enseñanza híbrida y en línea. De este modo, podemos acoger voces de regiones y comunidades que no pueden unirse físicamente a nosotros, enriqueciendo nuestro diálogo y extendiendo la influencia de Bossey mucho más allá de nuestro campus. Nos alegra que uno de los grupos de trabajo de la Comisión de Educación y Formación Ecuménica del CMI esté centrado en colaborar con el profesorado de Bossey para promover una participación creíble y enriquecedora.

Otro aspecto importante es el fortalecimiento de las alianzas con instituciones académicas, iglesias miembros del CMI y otros organismos ecuménicos. Al principio, se tratará de establecer una red funcional de antiguos alumnos de Bossey que conecte a los numerosos grupos regionales y nacionales de antiguos alumnos de Bossey.

Por último, al preservar y enriquecer nuestra vida comunitaria residencial e intercultural, mantenemos lo que hace único a Bossey: la práctica diaria de vivir, rendir culto y aprender juntos en diversidad de tradiciones y culturas.

Aspiro a que Bossey no sea un mero lugar de encuentro para jóvenes de todas partes y de distintas iglesias, sino un lugar de transformación, del que salgan futuros dirigentes capaces de sortear la complejidad con sabiduría, decir la verdad con amor y encarnar la unidad por la que Cristo oró.

El instituto hace hincapié tanto en la enseñanza académica como en el aprendizaje experimental. ¿Cómo cree que prepara esta combinación a los futuros dirigentes eclesiásticos para prestar servicio en sociedades cada vez más pluralistas y divididas?

Dr Iwuamadi: Curiosamente, en 2026 se celebrará el 80º aniversario del Instituto Ecuménico de Bossey. Fundado tras el periodo de división que desembocó en la guerra mundial, el contenido de sus programas evolucionó a lo largo de los años, pero Bossey ha seguido siendo un lugar donde los jóvenes y futuros dirigentes de iglesias se encuentran no solo para estudiar, sino para intercambiar y transitar juntos el dolor de los desacuerdos.

Creo que el énfasis del instituto en la enseñanza académica y el aprendizaje experimental no es solo estratégico, sino profético. En un mundo cada vez más plural y dividido, los futuros líderes eclesiásticos necesitan algo más que conocimientos teológicos; necesitan relacionarse con soltura y manejarse con agilidad en entornos multiculturales. La formación académica nos da las herramientas para pensar de forma crítica, interpretar fielmente las Escrituras y abordar cuestiones éticas complejas; pero esas otras aptitudes llegan a través del aprendizaje experimental, la inmersión intercultural y los encuentros en la vida real.

Este doble enfoque forma dirigentes con sólidas bases teológicas que, además, tienen inteligencia emocional y sensibilidad social. Los prepara para liderar comunidades diversas, heridas y en busca de esperanza. Aprenden a escuchar antes de hablar, a tender puentes y a liderar con convicción y compasión.

Su especialidad es la hermenéutica bíblica ecuménica. ¿De qué manera promueven los diferentes enfoques del Evangelio una mayor comprensión y unidad entre las tradiciones cristianas, en lugar de la división?

Dr. Iwuamadi: Suelo decir que “todos los cristianos están de acuerdo en la Biblia, hasta que la abren”. El Evangelio siempre ha estado en el centro de la identidad cristiana, pero nuestras diversas formas de interpretarlo han sido a menudo fuente de división. Creo que esas mismas diferencias, si son abordadas con humildad y curiosidad, pueden convertirse en un manantial de comprensión y unidad más profundas.

Debemos reconocer que cada tradición cristiana aporta su propia lente hermenéutica, moldeada por la historia, la cultura, la liturgia y el énfasis teológico. En lugar de verlas como afirmaciones contrapuestas, podemos tratarlas como perspectivas complementarias, del mismo modo que los cuatro Evangelios ofrecen retratos distintos pero armoniosos de Cristo. El documento The Biblical Foundations of the Doctrine of Justification (Los fundamentos bíblicos de la doctrina de la justificación)elaborado por eruditos católicos y luteranos, destaca que la conciencia de la existencia de distintas formas de transmisión teológica no hace sino “abrir el espacio para el enriquecimiento mutuo entre confesiones, pues al darse cuenta de las formas particulares en que otros han entendido la Biblia pueden enfatizar diferentes aspectos de esta, y no necesariamente se excluyen o refutan mutuamente”.

En segundo lugar, el diálogo en torno al Evangelio debe ser tanto exegético como experiencial. Eso significa no solo dedicarse juntos al estudio académico —comparando lecturas histórico-críticas, narrativas y teológicas— sino también compartir cómo la Palabra ha modelado nuestro culto, nuestra ética y nuestro testimonio cristiano cotidiano. Esto hace que la conversación pase de centrarse en “¿quién tiene razón?” a “¿qué nos está diciendo Dios a través de los demás?”. Esto ayudará a los cristianos a cultivar una especie de “hospitalidad hermenéutica”, creando espacios en los que primero escuchamos para comprender, no para rebatir. Esto requiere confianza, paciencia y un compromiso compartido con la unidad por la que Cristo oró en Juan 17, sin por ello perder nuestra singularidad.

Por último, los diferentes enfoques del Evangelio deben inspirar proyectos de colaboración entre cristianos, como traducciones conjuntas de la Biblia, grupos ecuménicos de estudios bíblicos, peregrinaciones ecuménicas a lugares bíblicos y otros aspectos del ecumenismo espiritual, que son el corazón del movimiento ecuménico. Estos y otros proyectos similares permiten a los cristianos encarnar la unidad en la práctica.

Cuando lidiamos juntos con el texto, descubrimos que nuestras diferencias pueden agudizar nuestra visión y profundizar nuestro testimonio compartido del Evangelio. De esta manera, el Evangelio deja de ser un campo de batalla y se convierte en una mesa compartida donde el Espíritu nos guía hacia una unidad más profunda.

Bossey reúne a estudiantes y profesores de diversos contextos de todo el mundo. ¿Qué estrategias prevé aplicar para velar porque esta diversidad se convierta en un verdadero recurso para el aprendizaje mutuo y para el movimiento ecuménico en general?

Dr Iwuamadi: La diversidad de Bossey es uno de sus mayores tesoros: no es un simple dato demográfico, sino un recurso vivo para la transformación. Espero que podamos hacer que esa diversidad se convierta en un catalizador para el aprendizaje mutuo y en un regalo para el movimiento ecuménico más amplio.

Debemos diseñar deliberadamente espacios de aprendizaje que no solo reconozcan las diferencias, sino que las fomenten. Eso implica velar por que los cursos y seminarios se nutran de las diversas tradiciones, marcos teológicos y experiencias culturales de los estudiantes y profesores, de manera que todas las voces sean escuchadas y valoradas.

También podríamos explorar vías como el fomento de la investigación conjunta y las iniciativas creativas que emanen de nuestra diversidad. Por ejemplo, artículos escritos conjuntamente, estudios bíblicos ecuménicos o incluso proyectos de servicio comunitario que reflejen múltiples perspectivas, si es posible. Éstas podrían ser algunas de las buenas prácticas que los estudiantes se lleven consigo al volver a casa.

De este modo, la diversidad de Bossey se convierte en algo más que un telón de fondo; se convierte en un motor dinámico para la transformación mutua, formando dirigentes capaces de encarnar y profundizar la unidad por la que Cristo oró en cada rincón del mundo.

Ante las cuestiones como el cambio climático, los derechos humanos y la violencia justificada en nombre de la religión que ejercen presión sobre las iglesias de hoy, ¿cómo puede la educación teológica ecuménica capacitar a los futuros dirigentes para responder proféticamente y en colaboración?

Dr Iwuamadi: Estas cuestiones no son desafíos periféricos a la misión de la Iglesia, sino que son fundamentales para nuestro testimonio en el mundo actual. La educación teológica ecuménica tiene un papel único en la formación de líderes que puedan responder tanto profética como colaborativamente.

En primer lugar, debe cimentar en los estudiantes una teología que conecte la fe con la justicia. Esto significa abordar el Evangelio y la tradición a través de la lente del cuidado de Dios por la creación, la dignidad de todo ser humano y el llamado a la paz. Los dirigentes que consideran estos aspectos como parte integrante del Evangelio, pueden hablar con claridad moral y esperanza, y no se limitan a reaccionar ante las crisis.

La educación y la formación teológicas ecuménicas deben cultivar la capacidad de dialogar y tender puentes entre tradiciones y confesiones. Los problemas a los que nos enfrentamos son mundiales y están interrelacionados; no hay iglesia ni comunidad que pueda resolverlos sola. Al aprender a trabajar en entornos sin fronteras teológicas ni culturales, los futuros líderes pueden dar ejemplo de la unidad y la cooperación que el mundo necesita tan desesperadamente.

También creo que debe integrar la participación directa en la educación y la formación ecuménicas a través de prácticas en el terreno, la formación en materia de activismo y sensibilización, y alianzas con organizaciones dedicadas a la justicia climática, los derechos humanos y la consolidación de la paz. Por ejemplo, en el semestre de primavera en Bossey, los estudiantes de máster trabajan como pasantes de investigación en el Consejo Mundial de Iglesias, para conocer la vida y la práctica del trabajo ecuménico. Las pasantías buscan ofrecer una introducción al trabajo práctico en un área programática específica, como derechos humanos, justicia económica y ecológica, diálogo y encuentro interreligiosos, etc. Esta experiencia garantiza que la reflexión teológica siempre esté conectada con la acción concreta.

En resumen, la educación y la formación ecuménicas deben ser holísticas, deben ser capaces de abarcar las cuestiones teológicas fundamentales sobre eclesiología, fe y ministerio, y deben tener imaginación profética capaz de prever y articular el futuro alternativo de Dios frente a la injusticia. Se trata de encarnar los valores del Reino: justicia, misericordia, reconciliación y unidad.

De este modo, preparamos dirigentes capaces de leer las señales de los tiempos y de trabajar codo con codo con los demás para traer la sanación a la creación, la esperanza al mundo y la unidad entre los cristianos.

Más información sobre el Instituto Ecuménico de Bossey

Abiertas las solicitudes para el curso académico 2026-2027 en el Instituto Ecuménico de Bossey (comunicado de prensa del CMI, 21 de agosto de 2025) (en inglés)