* Por Claus Grue
En una publicación muy difundida en las redes sociales, la obispa Munk se posicionó claramente en contra de cualquier intervención extranjera y exhortó a los americanos a apoyar a los groenlandeses en su derecho a decidir su propio futuro. La repercusión fue enorme y pronto su publicación fue citada en todo el mundo.
“Normalmente, no nos involucramos en asuntos políticos, pero en este caso tuve que alzar la voz. El Evangelio nos da fuerzas, y debemos mantener nuestra esperanza y no perder nunca la fe”, explica Munk.
A pesar de que se siente incómoda con todo el revuelo mediático, reconoce el importante papel de la iglesia en tiempos de inestabilidad.
“Cuando se pisotean los derechos humanos, es nuestro deber como cristianos hacer oír nuestra voz. Ha sido una manifestación contundente de paz, justicia y dignidad”, dice.
Educada en los valores tradicionales inuit
Nacida en 1977 en Attu, una pequeña localidad de la costa occidental de Groenlandia, justo al norte del círculo polar ártico, Munk fue la pequeña de una familia de cuatro hermanos educados en los valores tradicionales del pueblo inuit, para el que los vínculos con la Madre Tierra y el respeto de la creación de Dios son cuestiones fundamentales.
“Es algo que nos viene de nuestra tradición nómada. Aquí, más que la hora del día, son las mareas y la dirección de los vientos las que han conformado nuestra manera de vivir y de sustentarnos”, afirma la obispa.
Sus padres crecieron en familias de cazadores que a menudo se trasladaban a nuevos lugares a lo largo de la escapada costa, en función de dónde se podían encontrar las mejores presas. En la actualidad, la población está más asentada. El acceso a las escuelas y la proximidad de la familia suelen determinar el lugar donde deciden vivir.
La primera en cursar estudios superiores
La admiración que Munk sentía desde pequeña por las personas instruidas la llevó a convertirse en la primera de su familia en realizar estudios académicos. Después de la confirmación, se mudó a Sisimiut, la segunda ciudad más grande de Groenlandia, para terminar la escuela primaria, que se dividía en clases en danés y en groenlandés. Munk, una alumna ambiciosa, fue asignada a la clase en danés, lo que fue determinante para poder acceder a la escuela secundaria. Lo consiguió y, tras graduarse en 1996, se matriculó en la Escuela Superior Popular de Kalø, en Dinamarca, para mejorar su danés y aprender más sobre la cultura danesa. A los 23 años, se licenció en Teología por la Universidad de Nuuk, la capital de Groenlandia. Luego regresó a Dinamarca para proseguir sus estudios, lo que finalmente la llevó a obtener una maestría en Teología en la Universidad de Copenhague.
Búsqueda identitaria
Aunque su vocación de predicar el Evangelio tardó en madurar, desde muy joven supo que quería estar presente para las personas necesitadas y marcar la diferencia en Groenlandia. Es posible que su madre, trabajadora social en el servicio penitenciario y de libertad condicional de Groenlandia, y también catequista, tuviera una influencia. La participación activa de Munk en cuestiones relacionadas con los derechos de los pueblos indígenas y el cambio climático durante sus años de estudiante fue otro factor importante. Al mismo tiempo, era crítica con el cristianismo y el papel que había desempeñado en la colonización de Groenlandia.
“Siempre me ha inspirado la cultura inuit y nuestra cercanía con la naturaleza. Una cuestión con la que luché mucho cuando era más joven era si mi identidad inuit era compatible con mi fe cristiana. Después de mucha reflexión y búsqueda interior, encontré paz y fuerza tanto en mi origen cultural como en mi fe”, observa Munk.
Para complicar aún más las cosas, se casó con un maestro danés que aportó un tercer legado cultural a su vida, con el que tiene dos hijos, de 18 y 20 años.
Conocida en Groenlandia y en otros lugares
Tras su ordenación en 2004, Munk se convirtió en la primera mujer sacerdote en Narsaq, en el sur de Groenlandia. También fue la primera vez que dos generaciones de mujeres de la misma familia ejercieron como sacerdotisas ordenadas en la Iglesia Evangélica Luterana en Groenlandia. Tras varios años de servicio como catequista, su madre continuó su formación y fue ordenada en 1999, cinco años antes que Munk.
Cuando fue elegida obispa en 2020, Munk ya era muy conocida entre sus compatriotas groenlandeses. Había trabajado en parroquias de toda la isla, desde Ittoqqortoomiit, en la costa este, hasta Aasiaat, en la costa oeste, y en Kujataa, en el sur, donde fue decana de la Iglesia Evangélica Luterana en Groenlandia hasta que fue elegida obispa. Durante varios años también dirigió los servicios matutinos retransmitidos por la radio KNR (Corporación de Radiodifusión de Groenlandia).
“Cuando anuncié que era candidata para ser obispa, la población de Groenlandia me conocía desde hacía mucho tiempo. La gente sabe cómo trabajo y qué tipo de persona soy”, afirma.
Desde principios de enero de este año, personas de todo el mundo saben quién es. Han visto a una mujer creyente, humilde y valiente defendiendo lo que es correcto en un momento muy crítico.
“Mi instinto me dijo que debía actuar. Ahora oro para que podamos proseguir nuestra labor congregacional en paz y podamos reunirnos para rendir culto sin temor a una guerra”, concluye la obispa Munk.
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