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En esta entrevista, ambos ahondan en las formas en que la afirmación y el llamado abordan los actuales desafíos mundiales.   

“En calidad de Comisión de Fe y Constitución, siempre nos hemos centrado en la búsqueda de la unidad visible, y en hacerlo a través del diálogo teológico”, afirma Dietrich. “Lo que ha quedado claro en el curso de nuestra labor es que la unidad visible abarca hoy no sólo cuestiones doctrinales, sino la vida entera, la fe y la doctrina, y también el testimonio y el servicio al mundo”.

Esta noción más amplia de la unidad visible guio la Sexta Conferencia Mundial de Fe y Constitución en Egipto, señala Dietrich.

“Históricamente, sabemos también que el movimiento ecuménico, y también el trabajo de Fe y Constitución, se desarrolló muy rápidamente, por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las iglesias se dieron cuenta de que el mundo estaba dividido, que las iglesias estaban divididas y que la humanidad estaba dividida. El movimiento ecuménico fue creado en semejante momento histórico y creció rápidamente”, explica. “La Comisión de Fe y Constitución hace hincapié en la importancia de hablar también de aquello en lo que creemos, y esa ha sido nuestra herencia”.

Jeftić menciona las múltiples crisis que están haciendo que la gente pierda la esperanza. 

“Podríamos decir, de forma simplista, que una posible respuesta a todo ello sería buscar más unidad”, afirma. “Me parece que el hilo conductor entre todos estos desafíos es la polarización y fragmentación crecientes”, añade;

y destaca que la afirmación ecuménica intenta abordar esos desafíos.

“Son muchos los asuntos que debemos abordar”, reconoce Jeftić; “Y, a ese respecto, seguir reuniéndonos y buscando una y otra vez formas de estar mejor unos con otros es probablemente la única manera de superar esos desafíos”.

Agrega que, a través de la oración común, también logramos alcanzar una mente común.

“La práctica compartida y la vida en Cristo, y todo lo que la acompaña —el compromiso con la justicia social y el servicio al mundo— es también no solo es una forma de hacer el trabajo juntos, sino de acercarnos unos a otros, y así entendernos mejor, y, finalmente, alcanzar una especie de acuerdo teológico”, afirma. “Todos esos aspectos construyen la unidad y la dotan de nuevas facetas o dimensiones que la definen y la componen”.

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