¿Hubo algún momento en su vida o alguna experiencia formativa que le hiciera darse cuenta de que quería ser médico y ayudar a las personas de la forma en que lo hace?
Dr. Tallaj: Mi tío era pediatra en la República Dominicana y, a menudo, le ayudaba a atender a sus pequeños pacientes. Atendía entre 75 y 100 niños cada día. Durante la temporada de lluvias, el número de niños que padecían enfermedades infecciosas, diarrea y deshidratación aumentaba considerablemente.
Trabajar a su lado supuso mi primer contacto con la medicina y despertó en mí el deseo de convertirme en médico. Ayudaba siempre que tenía la oportunidad, y esa experiencia determinó mi visión de la medicina. A lo largo de mi carrera, ese compromiso nunca ha cambiado, simplemente he seguido haciendo lo que era necesario para atender a mis pacientes.
¿Cuál fue la principal conclusión a la que llegó durante su respuesta a la pandemia de COVID-19?
Dr. Tallaj: La realidad es que, en un país como Estados Unidos, muchas decisiones se basan en consideraciones empresariales más que en lo que es mejor para la población. Cuando la COVID-19 comenzó a propagarse, se sabía muy poco sobre el virus. Desde el principio, creímos que era esencial realizar pruebas a gran escala, especialmente en niños y personas mayores.
Sin embargo, los equipos gubernamentales y los responsables encargados de ofrecer orientación y proporcionar información no se comunicaban con nosotros de manera oportuna ni transparente. No se difundían informes críticos, lo que dejaba a los profesionales sanitarios de primera línea sin la información que necesitaban. Quienes tenían el encargo de proteger a la población se mostraban reacios a hablar abiertamente, y el miedo solía prevalecer sobre la responsabilidad de informar y atender a las personas.
Durante la pandemia de COVID-19, se encargó de realizar pruebas a más de un millón de personas, de suministrar más de dos millones de comidas para llevar, y usted y su red de médicos vacunaron a millones de neoyorquinos en iglesias locales, colegios, viviendas sociales y el Yankee Stadium. ¿Qué se le ha quedado grabado en el corazón de aquella época?
Dr. Tallaj: Normalmente rendimos homenaje a los héroes del deporte, el entretenimiento y las artes. Pero durante la pandemia surgió un tipo diferente de héroe: los médicos y los profesionales sanitarios que decidieron salir a la calle y enfrentarse a un enemigo invisible.
El virus estaba por todas partes. Parecía una guerra, en la que cualquier persona a tu alrededor podía ser portadora de la amenaza sin saberlo. Sin embargo, esos médicos siguieron al pie del cañón, arriesgándose para cuidar de los demás.
A veces la gente olvida que esos médicos fueron héroes. Muchos prefieren no mirar atrás y plantearse una pregunta difícil: ¿Qué hice yo durante ese tiempo?
¿Cuál es, desde su punto de vista, el mayor desafío al que se enfrenta el mundo en relación con las desigualdades sanitarias?
Dr. Tallaj: El problema radica básicamente en cómo se ajusta el presupuesto a las necesidades y prioridades, y en el hecho de que los recursos no se distribuyen de forma equitativa entre las diferentes comunidades. ¿Pueden 10 millones de dólares tener el mismo impacto en Park Avenue que en el Bronx? Por supuesto que no. Así se manifiestan hoy en día las desigualdades en materia de salud. Están integradas en el sistema, por lo que el propio sistema sigue dejando a personas desatendidas.
¿Cómo ha evolucionado su fe a lo largo del ejercicio de este cargo?
Dr. Tallaj: Nací y me crie en el catolicismo, y mi fe se ha forjado gracias a la sabiduría, la compasión y la gracia de los demás. Todos somos humanos. En los primeros días de la pandemia de COVID-19, el Gobierno me pidió que dirigiera la campaña de pruebas porque pocas personas estaban dispuestas a hacerlo. Recibí la llamada a las 8:00 de la mañana de un domingo. Recuerdo haberle pedido a Dios: “Señor, sigue guiándonos. Protégenos, protege a nuestras familias y danos fuerzas para llevar a cabo esta labor”.
En mi comunidad, el 65 % de las personas a las que realizamos pruebas dieron positivo. En un momento dado, imploré a Dios: “Señor, no puedo seguir haciendo esto. Lo siento. Si no me das una señal, no voy a poder continuar”. Estaba sosteniendo un vaso cuando, de repente, se rompió, y el líquido derramado formó lo que me pareció el rostro de Cristo con una corona de espinas. Para mí, fue una señal de que Dios me estaba mostrando lo que tenía que hacer. Más tarde, se lo enseñé al papa Francisco, y él dijo: “Es el rostro de Cristo”.
También creo que SOMOS se convirtió en un ejemplo del tipo de milagro descrito en el Evangelio, cuando Jesús alimentó a los cinco mil. Empezamos con una idea y, gracias a la fe, al compromiso y al apoyo de tantas personas, pudimos llevar a cabo esa misión durante la pandemia.
¿Podría reflexionar sobre qué características del antiguo “médico de familia” son más significativas en nuestro contexto actual?
Dr. Tallaj: El médico de cabecera sigue siendo sumamente importante. No solo conoce al paciente, sino también a la familia y a la comunidad. Así es como comenzó SOMOS, no con un edificio, sino con relaciones. La gente necesitaba a alguien a quien conociera y en quien confiara para que la atendiera.
La función de un médico de atención primaria es mantener a las personas sanas, no solo tratar las enfermedades. Tiene que ver con la prevención: ayudar a los pacientes a controlar su presión arterial, reducir su dependencia de la insulina cuando sea posible y prevenir complicaciones graves como la insuficiencia renal y la diálisis. Establecer relaciones a largo plazo permite a los médicos intervenir a tiempo y mejorar la salud antes de que los problemas se conviertan en crisis.
Creo que Estados Unidos avanza en la dirección correcta al poner mayor énfasis en la persona que en la institución. La atención preventiva, la alimentación saludable, el ejercicio y los medicamentos que ayudan a prevenir enfermedades están cobrando cada vez más importancia. Esta es la visión que hay detrás de nuestra campaña “¡Gracias, doctor!”, un movimiento mundial para rendir homenaje a los médicos de familia, restablecer la conexión humana que constituye el elemento central de la medicina y abogar por un mayor apoyo a la atención primaria.