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Bishop Åke portrait
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Usted asistió recientemente a parte de un retiro espiritual que dio inicio a la Asamblea General del Movimiento de los Focolares en Roma. ¿Le gustaría compartir sus impresiones?

Obispo Bonnier: Fue fantástico en muchos sentidos. La Asamblea General del Movimiento de los Focolares es una conferencia de tres semanas de duración con trescientos veinte delegados y delegadas. Resulta muy especial con el Movimiento de los Focolares porque la espiritualidad es una unidad que se vive.

La mayoría de los y las participantes eran miembros católicos romanos de los focolares, pero había también algunas personas de otras tradiciones eclesiales, como las iglesias anglicanas, reformadas y luteranas. Además, participaba una persona budista, una hindú, una musulmana y una que no era religiosa. Durante el retiro, surgió poco a poco el sentimiento de que la expresión "Dios no es religioso sino generoso" capturaba algo importante sobre la experiencia.

Parte del retiro trataba sobre la cercanía desde un ángulo diferente: la cercanía respecto a la comunión con las personas que te rodean, así como con las personas que están muy lejos, y la comunión con Dios y también la comunión de otras maneras. Después del retiro, nos dividieron en grupos para debatir diferentes temas, y había documentos de preparación. En esta Asamblea se decidía algún tipo de plan para los próximos cinco años. ¡Hubo trescientas diecisiete sugerencias!

¿Cuál fue su primer contacto con el Movimiento de los Focolares?

Obispo Bonnier: Conocí el movimiento en 1988 –hace ya bastante tiempo– por primera vez en un concierto en Estocolmo. El Movimiento de los Focolares tiene un grupo de músicos itinerantes llamado Gen Rosso y un grupo de músicas itinerantes que se llama Gen Verde. Hasta aquel día de 1988 nunca había oído hablar de ellos, pero tenía interés por conocer más. Así que unos días después del concierto, fuimos a una reunión y, después de eso, mi esposa y yo fuimos a reuniones familiares con nuestras dos hijas. A medida que te adentras en el Movimiento de los Focolares, se convierte en una vocación personal. 

¿Cuál fue el siguiente paso que lo llevó a profundizar más en la comunidad de los focolares?

Obispo Bonnier: Me preguntaron si quería ser "voluntario", que no consiste en lo que pensamos normalmente cuando oímos hablar de voluntarios. Se trata más bien de una persona de contacto entre la sociedad y los focolares. Serví entonces durante dos años en un grupo de prevoluntariado. Siempre es un proceso. Tienes que empezar y luego primero estás en un grupo previo, después das el siguiente paso y el siguiente paso. Anhelaba algo más, pero no lo dije. En una ocasión, un responsable regional me pidió que fuera a mi comunidad local de los focolares y pensé: "Bueno, va a decir: 'No está viviendo esta espiritualidad muy bien, por favor váyase a casa ahora'". Pero en vez de eso, me preguntó si alguna vez había pensado en ser un focolarino "casado", que implica la promesa eterna de estar verdaderamente conectado por el resto de tu vida. ¡Es un paso bastante grande! Mi corazón dijo: "oh, ¡sí!", pero mi cabeza dijo: "cálmate". Empezó así un camino que duró al menos diez años durante el cual me di cuenta de que puedo pertenecer plenamente a esta comunidad y no necesito convertirme en otra persona. Están contentos porque soy quien soy. Eso es importante, sobre todo siendo un pastor luterano que pertenece a un movimiento muy católico. 

¿Le gustaría reflexionar sobre lo que significa para usted la espiritualidad de los focolares?

Obispo Bonnier: Es una espiritualidad de unidad, una espiritualidad de amor, una espiritualidad que encuentra la manera de que los unos lleguemos a los otros sin intentar convertirnos mutuamente. Hay algo en el movimiento que se llama "el arte de amar", y hay diferentes aspectos de amar. Uno de los aspectos es que deberíamos ser los primeros en amar, tomar la iniciativa. Ámame más cuando menos lo merezca. De esta manera, no se trata sólo de quienes te aman; se trata de todos, sin excepción. Debo admitir que no estoy seguro de que lo haga cada día. Se trata de ver que tiene que haber algo bueno en cada persona. Debe haber algo, y necesitamos concentrarnos en ese algo. Otro aspecto del arte de amar es ver desde el punto de vista de la otra persona, por ejemplo, un compañero o una compañera de trabajo que no opina como nosotros. Si intentas ver desde su punto de vista –que implica que lo tienes que formular–, entonces alguien puede decir: "sí, usted realmente me entendió".

¿Qué otros aspectos tienen relación con el arte de amar?

Obispo Bonnier: Amar al prójimo como a ti mismo. ¿Me amo? ¿Cómo puedes amar a otra persona si no te amas a ti mismo? Debes amar al prójimo de la misma manera que te amas a ti mismo. Otro aspecto es ver que, cuando conoces a otra persona, conoces al propio Jesús. Es verdaderamente interesante porque estás llamado a ver esto, y estás llamado a amar a Jesús en la otra persona. Así que cuando ves a un mendigo en la esquina, es Jesús quien está ahí sentado. Cuando te encuentras con alguien que no te gusta, cuando conoces a una persona problemática, es Jesús a quien conoces. Eso puede plantearte un reto en muchos sentidos.

Otro aspecto es amar a tus enemigos. Vuelve de nuevo al tema de intentar amar a las personas que realmente no te gustan, de intentar ver las cosas positivas. Tenemos que empezar una y otra vez de esta manera. Es el arte de amar.

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